Prosigo con el
análisis de palabras alucinantes que aparecen en los medios o se repiten hasta
la saciedad en innumerables foros.
A los que
anunciaba anteriormente una buena amiga me ha sugerido que añada sostenibilidad
y por supuesto lo hago encantado.
Sin embargo en EL
PERIODICO del 13 de junio aparecía un artículo del profesor de la U.P.F. Jaume Puig-Junoy en el que con fina ironía nos decía que la
aportación de un euro por receta que piensa aplicar la Generalitat de Catalunya
no es, como se nos quiere hacer creer, un impuesto sino una “taxa
sobre los actos preparatorios y los servicios accesorios de mejora de la información en la
prescripción y dispensación de recetas”
Estoy seguro que los jubilados, por ejemplo, del sector de la automoción
les ha quedado clarísimo.
Yo sinceramente
no se si se trata de un problema de comunicación, de lenguaje burocrático o de
desvergüenza política. Juzgue el lector.
Siguiendo con las
palabras tópicas y que, al parecer, han perdido su sentido aquí tenemos a la CORRUPCIÓN:
práctica habitual de tal magnitud que más que un defecto parece ser una virtud que practican
determinados cargos públicos y privados con total impunidad.
Los ciudadanos de
a pie se hacen cruces de la desfachatez con la que se otorgan prebendas, contratos
o llanamente se saquea el organismo al que está implicado el corrupto. Pongo
como ejemplo, no presunto sino en parte confeso y por tanto no susceptible de
ser acusado de calumnia a Félix Millet que después de casi cuatro años aún está
pendiente de juicio. Seguramente si algún día es juzgado, aun tendrá fuerzas
para impartir clase de ÉTICA DE LOS NEGOCIOS que es otro
concepto que cuando se menciona hace arrugar la nariz al más inocente.
Los negocios
conocen poco de ética, en todo caso son los negociantes los que deberían poseerla
y aplicarla pero en la actualidad parecen ignorarla hasta algunos obispos, por
no hablar de los negocios que mueve el Vaticano.
Claro que para
negocios, los de determinadas entidades financieras obligando a sus empleados a
vender basura como si fuera oro aprovechando de la ignorancia de algunos de sus
clientes.
¿Estamos en un
mundo de estafadores? No, rotundamente no, aunque algunos se han empeñado en
emular al lazarillo de Tormes pero a lo bestia y el contagio social pronto no permitirá
identificar a la buena gente de los lobos con piel de cordero. ¡Hay si Aristóteles
levantara la cabeza!!!.
Qué decir de la SOSTENIBILIDAD.
Ese concepto tan en boga para confundir al personal.
Naturalmente que
tenemos que luchar por un mundo sostenibles pero sin presiones manipuladoras.Yo de pequeño aprendí en mi casa a guardar los papeles y trapos viejos en un saco que luego vendía al trapero un oficio que ha desaparecido en nuestra sociedad supe recicladora, y guardaba las botellas de vidrio que el buen trapero también compraba y yo podía comprar a mi vez algún tebeo (hoy son cómics) de segunda mano en viejas librerías del Rabal de Barcelona. y los desperdicios y sobras de la comida servían para alimentar al gato y el papel de seda que usaban en la farmacia para envolver los productos era un bálsamo para las “posaderas” acostumbradas a los recortes ásperos de los periódicos y así hasta la saciedad. No sabía que era un mundo sostenible hasta que nos han amenazado con destruirlo, como no era consciente del estado de bienestar hasta que nos lo van recortando, eso sí con grandilocuentes palabras que gracias a la MADUREZ CIUDADANA permiten que el espolio y la desvergüenza campen a sus anchas sin que se produzcan altercados de consecuencias imprevisibles.
Una vez más
constatamos que el lenguaje no es el problema, si no el mal uso que se hace de
él y que trata de justificar a los que
no tienen justificación. Ahora más que nunca hemos de estar atentos para identificar
la verdad entre tanta jerga que oculta falazmente una realidad que tal vez no
sea la mejor pero de la que si podemos intentar disfrutar respetando los valores y
manteniendo alto el conocimiento y
sobretodo la dignidad.
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